Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sir­van, sino para servir y dar su vida en rescate por todos"
15-10-2021
"Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sir­van, sino para servir y dar su vida en rescate por todos"

Prosigue hoy la enseñanza para los discípulos, los primeros en aquel tiempo, y nosotros ahora. Todos necesitamos entender muy bien cuál es el objetivo del mesías y el camino verdadero que lleva hasta él: Jesús ha venido a servir, a rescatar a todos los que pueda –y quieran– y para ello sabe que tiene que dar su vida. Porqué tiene que ser esto así nos introduce en el misterio mismo de la vida humana y la acción divina que solo podemos atisbar e intentar darnos explicaciones casi balbucientes. La primera lectura nos introducía en el tema desde el punto de vista de este misterioso profeta que es el Siervo del Señor descrito por el profeta Isaías y a quien Dios “quiso triturar con el sufrimiento” y tuvo que “entregar su vida como expiación”. Se le revela también que eso no le perderá ni le enviará al olvido porque “verá su descendencia, prolongará sus años” y, sobre todo, “lo que el Señor quiere prosperará por su mano”. Asumir estos trabajos harán que su alma vea la luz y le saciará de conocimiento y obtendrá el objetivo de justificar a muchos precisamente “porque cargó con los crímenes de ellos”. La conclusión que podríamos sacar es que no se nos revela el porqué pero sí la necesidad de que el mesías afronte este camino o afronte, en definitiva, lo que venga para poder llevar a cabo su cometido, su misión.

Y Jesús lo asume con todas sus consecuencias y, poco a poco, lo irán asumiendo los suyos, aunque sin entenderlo del todo. En el relato de hoy, estos hermanos, los hijos de Zebedeo, unos valientes o unos ambiciosos o ambas cosas, piden a Jesús ser los más cercanos a él en todo lo que está por suceder. Jesús, como tantas veces, toma de esta petición lo positivo, lo que se ajusta a sus planes y mejor conviene a lo que va a suceder: no les reprocha su intención sino que les pregunta si están dispuestos a asumir las consecuencias de lo que solicitan: “sentarse en la gloria” conlleva, con toda lógica, beber el cáliz y compartir el bautismo que Jesús va a afrontar. Ellos le responden que sí, con inconsciencia pero con valentía y Jesús les confirma que así tal cual va a suceder aunque el “premio” concreto y correspondiente a sus esfuerzos no lo otorga él sino el Padre, el que lo envió y ahora también los está enviando a ellos. Y cuando los demás se indignan contra ellos por pretender estos “honores”, aprovecha para recordar a todos el propósito común: están, estamos, aquí para servir, para ofrecer la vida y todo lo que haga o reciba un cristiano estará marcado por esta “ley” que afecta a la historia y la redención: la verdadera reforma, la salvación se hacen a costa de crucificados, no a base de “tomar vidas” sino a base de entregar la vida en el amor y el servicio.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 53, 10-11

El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento,
y entregar su vida como expiación:
verá su descendencia, prolongará sus años,
lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Por los trabajos de su alma verá la luz,
El justo se saciará de conocimiento.
Mi siervo justificará a muchos,
porque cargó con los crímenes de ellos.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16

Hermanos:
Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios.
No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado.
Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,35–45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
– «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó:
– «¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron:
– «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.»
Jesús replicó:
– «No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?»
Contestaron:
– «Lo somos.»
Jesús les dijo:
– «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.»
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santia­go y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo:
– «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen.
Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sir­van, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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