Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Una cosa te falta..."
08-10-2021
"Una cosa te falta..."

Cumplir las promesas de Dios, el principal cometido del mesías, no es una especie de programa político y económico idealista o utópico de medio pelo, sino que significa que este cumplimiento, esta realidad, por tanto, llegue a las personas concretas, históricas, que son y serán. El Evangelio no es ideología y hay que cuidar mucho de atarlo a ninguna para, supuestamente, llevar a cabo sus fines. Cristo no se alía con nadie para dar a los suyos lo que Dios quiere darles, todo depende de la relación personal de cada discípulo con él y de las que entablan y sostienen los mismos discípulos entre ellos. Jesús como Cristo vino y está aquí para salvar, redimir, ayudar, sostener, dar vida y de modo real, no como falsas esperanzas o nuevas promesas. Por supuesto, todo esto tiene un coste, implica un método, unas opciones vitales importantes en relación directa a lo que se espera obtener. En esta vida, no se obtiene nada a cambio de nadie o sin esfuerzo.

Para hacer nuestro algo es imprescindible, como mínimo, quererlo y estar dispuesto a afrontar lo que sea para poder recibirlo. Jesús habla en el lenguaje y modo de entender la vida de Israel, usando como herramienta de discernimiento vital la “sabiduría” (primera lectura) que implica examinar a la luz de Dios las opciones que se nos presentan en la vida y decidir en consecuencia. El camino hacia la plenitud humana en la antigua alianza era cumplir, vivir realmente, según los mandamientos de la Ley. Jesús plantea que esto ya no basta por sí solo y que hay una exigencia aún más decisiva: seguirle a él, después de haberle preferido a todo lo que uno tiene y posee. Lo importante no es lo que se deja sino lo que se escoge. De hecho, dejar está siempre en función de lo que se asume: en este caso, equivale a poder seguir a Jesús, liberado de las ataduras que son las posesiones y las responsabilidades que generan. Al joven que pregunta a Jesús no le sirvió, no vio en Él lo que habían visto sus discípulos, no encontró razón ni atracción suficiente “porque era muy rico” y prefirió seguir siéndolo. Otros dicen que Jesús no le llamó, en realidad. Puede que ambas cosas sean verdad. En cualquier caso, el texto prosigue con Jesús que la posesión de la riqueza dificulta la acogida del reino aunque no niega que la imposibilite o que sea algo malo, negativo y terrible, de suyo. Como todos los obstáculos, es posible superarlo con la ayuda de Dios, para quien nada hay imposible. Jesús se centra en lo positivo de esta desposesión de todo, la que, efectivamente, han asumido los discípulos que actualmente le siguen: quien realmente haya dejado sus posesiones y puesto en cuestión sus relaciones familiares y personales, ciertamente, recibirá, en este mismo tiempo, cien veces más, aunque nunca como posesión (con persecuciones, con inestabilidad, entre tribulaciones). La verdadera posesión solo se obtiene en la vida eterna.

» Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-11

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría.
La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.
No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro.
La quise más que la salud y la belleza, y me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
Con ella me vinieron todos los bienes juntos, en sus manos había riquezas incontables.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 12-13

La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo, penetrante hasta el punto donde se dividen alma y espíritu, coyunturas y tuétanos. juzga los deseos e intencio­nes del corazón.
No hay criatura que escape a su mirada. Todo está patente y descubierto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 17-30

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó:
– «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?»
Jesús le contestó:
– «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios.
Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
Él replicó:
– «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo:
– «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el di­nero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.»
A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico.
Dios!»
Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
«¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de
Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: – «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un came­llo pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el rei­no de Dios.»
Ellos se espantaron y comentaban:
– «Entonces, ¿quién puede salvarse?»
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
– «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
Pedro se puso a decirle:
– «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús dijo:
–«Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o herma­nas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evange­lio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más – casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecu­ciones–, y en la edad futura, vida eterna.»

LECTURAS DEL DOMINGO


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