Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Serán los dos una sola carne"
01-10-2021
"Serán los dos una sola carne"

Jesús es el mesías y está aquí para hacer realidad las promesas de Dios a su pueblo. Esto incluye, en la base, restaurar las relaciones con Dios y de unas personas con otras. Y el nivel más radical y profundo de estas relaciones está en el matrimonio, esto es, la unión estable entre hombre y mujer que sustenta y hace crecer todas las demás relaciones. La primera lectura nos recuerda el "principio", la raíz de lo creado por Dios: hombre y mujer son iguales, compañeros de vida y su unión significa la vitalidad y el objetivo mismo de la creación que es la perpetuación de la vida maravillosamente creada por Dios. Tras el pecado y el deterioro ocasionado y sostenido por la humanidad esta unión se ha hecho desigual, asimétrica, injusta. El hombre ya no es el esposo de la mujer sino su señor, su "baal", una especie de pequeño y falso dios que se sustenta sobre un poder ilegítimo y no ya sobre el amor y la entrega a un proyecto común y que "repudia", esto es, deprecia (sin eufemismos) a su compañera con las más peregrinas razones. Jesús está aquí para salvar y recuperar esta relación tan esencial y lo hace no "prohibiendo" el divorcio sino recordando y renovando desde la raíz a las personas que ya pueden unirse para amarse y quererse no para utilizarse. Porque hacer o rehacer leyes y normas es fácil, relativamente, pero recrear lo más íntimo del ser de las personas para que actúen de otro modo por convicción, es otra cuestión.

Empezamos a entender lo que tendrá que poner de su parte el mesías para conseguirlo. Hombre y mujer han sido creados para ser una sola y misma vida y así cumplir temporalmente la misión de hacer ver y hacer verdad el fondo y la razón última de la creación que es disfrutar y perpetuar la vida, corazón de la creación y el mayor regalo de Dios. Y hacer ver también que lo mejor de vivir es amarse, quererse, entregarnos los unos a los otros, por completo y con todas sus consecuencias. Casi intuitivamente, el Evangelio une este relato al de Jesús acogiendo y bendiciendo a los niños, fruto vivo que debería ser de ese amor y mutuo servicio que es casarse.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 2, 18-24

El Señor Dios se dijo:
– «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle al­guien como él que le ayude.»
Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver qué nombre les ponía. Y cada ser vivo lleva­ría el nombre que el hombre le pusiera.
Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésti­cos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase.
Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letar­go, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne.
Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.
El hombre dijo:
– «Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne.»
Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre.
Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 2, 9-11

Hermanos:
Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pa­sión y muerte.
Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos.
Dios, para quien y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación.
El santificador y los santificados proceden todos del mismo.
Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos.

» Evangelio

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 2-16

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le pregunta­ron a Jesús, para ponerlo a prueba:
– «¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»
Él les replicó:
– «¿Qué os ha mandado Moisés?»
Contestaron:
– «Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»
Jesús les dijo:
–«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precep­to. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se uni­rá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo:
– «Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, co­mete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»
Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
– «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entra­rá en él.» Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

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