Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«Tú eres el Mesías»
10-09-2021
«Tú eres el Mesías»

Este domingo llegamos a un momento clave en la narrativa del Evangelio de Marcos, para algunos es como el quicio o el punto de inflexión. En este relato confluye todo lo narrado hasta ahora por las palabras y las acciones de Jesús. El Evangelista piensa que ya tenemos suficiente para poder emitir una primera opinión, y quizá algo más, sobre la identidad de este hombre ante quien nadie queda indiferente. Jesús comienza preguntando por lo que opinan otros, ajenos al grupo, el público en general, qué opinan aquellos que encuentran día a día. Sus opiniones, aunque no son decisivas, sí sirven para centrar la cuestión: Jesús es visto como un profeta, y uno de los poderosos, en palabras y obras, y, que además, ha vuelto a la vida. Casi nada. Pero la pregunta principal de Jesús se dirige a sus discípulos, a los que fueron descubriendo paulatinamente quien era él realmente, y ahora a nosotros que estamos aquí leyendo esto o celebrando la Eucaristía. Y es Pedro quien responde por todos, ellos y nosotros: Jesús es el Mesías. Esto significa que sus discípulos, viendo lo que ha hecho y escuchando su enseñanza con autoridad propia, han caído en la cuenta y confiesan, mediante Pedro, que este hombre es el enviado definitivo de Dios, el que tenía que venir a restaurar y poner en orden todas las cosas, haciendo verdad y realidad las promesas de Dios. Con él ha llegado el tiempo y el momento definitivo. Pero el texto va mucho más allá. Jesús reacciona como cada vez que los discípulos o la gente entienden y confiesan algo fundamental sobre él (en las curaciones y exorcismos, por ejemplo): prohibiendo terminantemente que lo difundan. Esto suele significar que este dato, como los otros, solo se comprende bien conociendo personalmente a Jesús.

Y, seguidamente, comienza su instrucción, les comienza a hablar del “otro lado” de lo que significa ser el Mesías, de lo que va a costar el poner en orden todas las cosas y, sobre todo, que de verdad se cumplan las promesas de Dios para Israel y para todos. Esto solo sucederá a través de que este mismo Mesías padezca mucho, sea condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, morir ejecutado y resucitar “al tercer día”. La realidad de que el es el Mesías se tiene que comprender a la luz de esta “instrucción” sobre lo que va a costar realmente. Y quien no lo comprenda así, obviamente no ha entendido quien es Jesús y se pasa al otro lado, pasa, como Pedro, de manifestar la palabra de Dios a hablar en nombre Satanás, padre del mal y de la mentira. La verdad sobre Jesús solo se entiende y hace propia en la autonegación que significa seguir este camino suyo de vivir su elección y realidad afrontando los trabajos, males y sufrimientos concretos que conlleve ser discípulo del mesías y querer efectivamente sanar la vida, hacer presente la verdad de Dios.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 50, 5-9a

El Señor me abrió el oído;
yo no resistí ni me eché atrás:
ofrecí la espalda a los que me apaleaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.
El Señor me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.
Tengo cerca a mi defensor,
¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos.
¿Quién tiene algo contra mí?
Que se me acerque.
Mirad, el Señor me ayuda,
¿quién me condenará?

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar?
Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos del alimento diario, y que uno de vosotros les dice: «Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago», y no les dais lo necesario para el cuerpo; ¿de qué sirve?
Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta.
Alguno dirá: «Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.»

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus dis­cípulos:
– «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron:
– «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.»
Él les preguntó:
– «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó:
– «Tú eres el Mesías.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.
Y empezó a instruirlos:
– «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces, Pedro se lo lle­vó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro:
– «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
– «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mis­mo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera sal­var su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

LECTURAS DEL DOMINGO