Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

«Effetá», esto es: «Ábrete»
03-09-2021
«Effetá», esto es: «Ábrete»

El Evangelio de Marcos contiene un gran número de relatos de hechos extraordinarios obrados por Jesús, como este que leemos y celebramos hoy. Jesús, como hemos dicho muchas veces, muestra así fehacientemente que el reino de Dios ha llegado especialmente para los que sufren y los pobres. En su presencia y, frecuentemente, por sus manos, pasa un número elevado de enfermos y endemoniados, que vienen a ser lo mismo en sustancia: personas que sufren, a quien nadie puede o quiere ayudar, y que no tienen por tanto más que esta última esperanza que es que Dios se acuerde de ellos y cambie su sino, los cure o redima. Está claro que todo esto es parte del Evangelio, es decir, del anuncio acerca de este Hombre por cuya mediación suceden estos hechos extraordinarios.

Tantos sus palabras como estos gestos señalan hacia quién es él y lo que significa, no solo para los enfermos y pobres sino para todos. De hecho, el evangelista intenta también que cada uno de estos gestos “hable”, apunte hacia una realidad que nos importa a todos. Esto es especialmente verdad acerca del relato de hoy. Ante Jesús es presentado un sordo que, claro, apenas podía hablar y le piden, indirectamente, que lo cure (“que le imponga las manos”). A menudo los profetas y el mismo Jesús califican de sordos a los creyentes de Israel porque, realmente, no oyen o no entienden o entienden al revés la Palabra de Dios y los mandados de la alianza. Por tanto, la curación de un sordo cuyo oído se abre por fin y su lengua se suelta es una muestra de lo que Jesús puede hacer, siempre que se le dé la ocasión, claro. Por eso la curación significa la apertura a esa realidad que está cambiando, gracias a Jesús. No se trata de ni de magia ni de un poder extraño. El relato muestra cómo Jesús se implica a fondo en la curación, es lo que más llama la atención en el relato. El sordo vuelve a oír y puede hablar después que Jesús toque su oído y su lengua, esto es, puede oír, por fin, puede darse cuenta de lo que Jesús hace y obra aunque, paradójicamente, Jesús después manda que no digan nada de lo sucedido a nadie, aunque no le hacen caso. Obviamente no basta con oír lo que ha hecho Jesús como si fuera solamente algo fuera de lo común: lo importante es dejarse curar, tocar, abrir los oídos y los ojos por Jesús, personalmente.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 35, 4-7a

Decid a los cobardes de corazón:
«Sed fuertes, no temáis.
Mirad a vuestro Dios que trae el desquite,
viene en persona, resarcirá y os salvará»
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.
Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago 2, 1-5

Hermanos míos:
No juntéis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con el favoritismo.
Por ejemplo: llegan dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre andrajoso.
Veis al bien vestido y le decís: «Por favor, siéntate aquí, en el puesto reservado.» Al pobre, en cambio: «Estate ahí de pie o siéntate en el suelo.»
Si hacéis eso, ¿no sois inconsecuentes y juzgáis con crite­rios malos?
Queridos hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
– «Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad.
El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:
–«Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

LECTURAS DEL DOMINGO