Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres"
27-08-2021
"Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres"

Volvemos a San Marcos para escuchar a Jesús en pleno debate con ese grupo o movimiento religioso de su tiempo que se llamaban a sí mismos “fariseos” o “separados”, y en su opinión y en la de muchos, eran quienes mejor “guardaban” la Ley que custodiaba la alianza. La Alianza es una relación viva establecida entre Dios y el pueblo, de un lado, y entre los miembros de este pueblo, por otro. Los “parámetros” y condiciones de esta relación descansan en el código de la alianza (primera lectura), esto es, en la Ley, identificada más tarde con la Palabra de Dios, con la revelación de su rostro y su acción en medio de las personas. Este código fundamental es el medio y el modo de vivir ante Dios y entre los hombres, pues, y sirve para sostenerse en la alianza, llevarla adelante. Al ponerse por escrito, la Ley se pudo y  tuvo que interpretar, con el cambio de los tiempos y las circunstancias y también esas interpretaciones se pusieron por escrito o se conservaron oralmente, se convirtieron en tradición o tradiciones y se transmitieron, corriendo el riesgo de sustituir el texto o su espíritu por la interpretación.

Es lo que sucedía con los fariseos que reinterpretaban a su modo y desenfocaban, al decir de Jesús y la iglesia más tarde, la Ley y la Alianza. En concreto, en el Evangelio, el debate se centra en tema de la impureza y la pureza conseguida a través de abluciones con agua, que limpia, refresca, limpia, purifica y es un rito en muchas religiones. Para muchos judíos, la alianza les “separaba” de los demás hombres y pueblos: eran el pueblo elegido y tenían que comportarse como tales y esto empezaba –y para muchos también, terminaba– en esta limpieza ritual. La crítica de Jesús (y de la primera iglesia) golpea aquí: respetar unas meras formas religiosas no basta para vivir el corazón de la alianza. Jesús les llama “hipócritas”, esto es, que lo hacen aposta y quizá lo hagan explícitamente para no enfrentar a la Palabra y la presencia del Dios vivo. Porque la alianza es contacto, ahora ya relación directa con Dios, y, en concreto, con su enviado que ha aparecido en el mundo. Si la “separación” sirvió en su tiempo, ya no tiene sentido; tampoco esa “pureza” pues si Dios mismo se ha mezclado con los suyos y espera hacerlo con todos, lo que deben hacer ahora es vivir y anunciar esta novedad. También a los cristianos nos pueden y limitan a veces los ritos y las formas, que es cierto que son importantes, pero es preciso, siempre, mirar más allá, a Quién está en ellos o detrás de ellos porque, de lo contrario, solo son historia o cultura. Y lo que mancha y ensucia de verdad no son los objetos del mundo exterior, sino la mala voluntad y cosas peores que brotan de dentro de cada persona.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 1-2. 6-8

Moisés habló al pueblo, diciendo:
– «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar.
No añadáis nada a lo que os mando ni suprimáis nada; así cumpliréis los 'preceptos del Señor, vuestro Dios, que yo os mando hoy. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: "Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente."
Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy?»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol Santiago  1, 17-18. 21b-22. 27

Mis queridos hermanos:
Todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba, del Pa­dre de los astros, en el cual no hay fases ni períodos de sombra.
Por propia iniciativa, con la palabra de la verdad, nos en­gendró, para que seamos como la primicia de sus criaturas.
Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es ca­paz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escu­charla, engañándoos a vosotros mismos.
La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no man­charse las manos con este mundo.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.
(Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:
– «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»
El les contestó:
– «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos."
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»
Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo:
– «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hom­bre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homici­dios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envi­dia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

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