Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Mi cáliz lo beberéis"
23-07-2021
"Mi cáliz lo beberéis"

En este domingo celebramos la Fiesta de Santiago Apóstol, uno de los “hijos del trueno”, según el apodo que les puso el mismo Jesús. Quizá el Maestro lo estaba señalando como intérprete de la voz de Dios que resuena, precisamente, en la tormenta, el trueno, como nos recuerda el libro del Éxodo (cfr. Ex 19,16ss.). Una voz que los mismos israelitas pidieron que no les hablara más porque además de no entenderla, les llenaba de miedo y temor. De hecho los dos hermanos, quizá también primos o parientes de Jesús, estaban dentro de su círculo más íntimo y comparten con él muchas experiencias a los que no son admitidos los demás discípulos. Así, estuvieron presentes en la “transfiguración” y se convirtieron así en testigos de esta voz divina que señalaba a su hijo muy amado y enviado.

El Evangelio señala a Santiago, pues, ya como apóstol, como misionero de esta voz de Dios, de Jesucristo, casi desde su encuentro con Él. Por eso quizá también fue uno de los primeros en sufrir el martirio (primera lectura) al considerarlo Herodes uno de los más peligrosos, decididos o de los que más ruido –el trueno– hacían. Pero es este texto del Evangelio el que mejor describe a este hijo del trueno como siempre decidido, junto con su hermano, a llegar hasta el final al precio que fuese, si miedo de asumir por completo la vida, el camino y hasta el destino de su Maestro. Así, mientras están subiendo a Jerusalén con Jesús, se presentan ante él junto con su madre (lo que refuerza la idea del parentesco con Jesús) para pedirle que los tenga en cuenta en lo que se avecina o para asegurar su posición en lo que tuviera que suceder, quizá el enfrentamiento final del Mesías con las autoridades y el sistema religioso judío. Jesús no ve en este gesto un gesto egoísta (como lo interpretan los otros discípulos) sino la oferta pura y dura de lo que son y lo que tienen. Por eso les asegura que compartirán su camino –y su final– pero que esto no tiene nada que ver con recompensas porque lo que obtendrán será algo mucho mejor aunque esto aun no se puede definir más allá de lo ya dicho (compartir su camino). Santiago, además, es quien, según una tradición que nos es querida, fue el apóstol que trajo el Evangelio a nuestras costas y fiel al compromiso tomado, creemos que sigue preocupado por nuestros asuntos. Es un buen día para agradecer el gran regalo de la Buena Nueva, de la presencia del Maestro, de poder compartir también nosotros su camino y su destino. Entre tantas particularidades de estas tierras que antes nos acercaban y ahora parece que nos quieren dividir, la fe en Jesús es razón y motivo incondicional y desinteresado por completo de comunión y esperanza.

» Primera Lectura

Lectura de los Hechos de los Apóstoles    4, 33. 5, 12. 27b-33; 12, 1b

En aquellos días, los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Los trajeron y los condujeron a presencia del Consejo y el sumo sacerdote los interrogó:
— ¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.
Pedro y los Apóstoles replicaron:
— Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero. » «La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el perdón de los pecados.» Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.
Ellos al oír esto se consumían de rabia y trataban de matarlos y el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan.

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios   4, 7-15

Hermanos: Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Mientras vivimos, continuamente no están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros.
Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.
Todo es para vuestro bien.
Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

» Evangelio

Lectura del santo Evangelio según San Mateo     20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. El le preguntó:
- ¿Qué deseas?
Ella contestó:
- Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.
Pero Jesús replicó:
- No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
Contestaron: - Lo somos.
El les dijo: - Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo:
-Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos.

LECTURAS DEL DOMINGO