Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"No desprecian a un profeta más que en su tierra"
02-07-2021
"No desprecian a un profeta más que en su tierra"

Apenas ha comenzado con la tarea de rehacer a la persona por dentro, san Juan de la Cruz comenta: “cuánto más hace Dios en limpiar y purgar una alma de estas contrariedades, que en criarla de nonada. Porque estas contrariedades de afectos y apetitos contrarios más opuestas y resistentes son a Dios que la nada, porque ésta no resiste” (1S 6,4). Recrear, rehacer, cambiar las bases y núcleos de la existencia es lo más costoso; lo fácil es el cambio aparente, de opinión o de posicionamiento, lo que generalmente se suele hacer para ponerse al abrigo o a favor del viento que más sopla en ese momento. Y eso, lo más costoso, es la tarea diaria de Dios, lo que intenta, una y otra vez, la Palabra de Dios. Frente a ella (primera lectura) se encuentra casi siempre a un “pueblo rebelde”, a “hijos” pero “testarudos y obstinados” pero lo importante es que sepan “que hubo un profeta en medio de ellos”. Es decir, que Dios no se cansa, pues todo su ser y su poder están al servicio de esto: la recreación, la redención, la salvación de sus criaturas favoritas, a pesar del coste, de todos los costes. El Evangelio narra que Jesús hizo la misma experiencia, que siendo la presencia personal de Dios en medio de los suyos, por tanto, mucho más y mucho más allá de ser un profeta y hasta un grandísimo profeta, el mismísimo Hijo de Dios, también fue juzgado por su apariencia, por su pasado, por su origen, por su humanidad, en una palabra. Ante Jesús, en su mismo pueblo, la multitud se asombra pero al mismo tiempo es incapaz de ver la verdadera realidad de su conciudadano. Su neta y sencilla humanidad les ciega para ver la verdadera ocasión de cambio y transformación que Jesús significa. Jesús “se extrañó de su falta de fe” y “no pudo hacer allí ningún milagro”, aunque algo de su “fuerza” sí escapó “porque curó algunos enfermos imponiéndoles las manos”.

Nosotros estamos tan familiarizados con la iglesia, la Palabra, los sacramentos que puede que nos pase lo mismo. Incluso el notable esfuerzo por comprender mejor la humanidad y el tiempo de Jesús puede que, paradójicamente, lo alejen de nosotros cuando debería ser todo lo contario. El Hijo eterno de Dios, que es Jesús, se ha hecho hombre para acercarnos la inmensa fuerza de salvación y redención que hay en Él, afrontando todos los riesgos que afronta la Palabra de Dios. Pero, en el fondo, si seguimos acudiendo a la iglesia, si seguimos creyendo es porque le conocemos, porque ha brillado dentro de cada uno esa chispa que anuncia la verdad de Dios en Cristo. Dejémosle, pues, que nos recree, nos transforme interiormente, nos salve, nos dé la real capacidad de ser y vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

» Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía:
– «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testa­rudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: "Esto dice el Señor." Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7b-10

Hermanos:
Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido:
«Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.»
Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades su­fridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
–«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y judas y Simón? Y sus hermanas ¿no vi­ven con nosotros aquí?»
Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía:
– «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

LECTURAS DEL DOMINGO