Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra"
11-06-2021
"Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra"

Volvemos este domingo a la lectura y celebración del Evangelio que “nos toca” este año y que es San Marcos después de estas fiestas que han “prorrogado” la celebración de la Pascua. Marcos, como los otros, también contiene una buena cantidad de parábolas, uno de los métodos preferidos de la predicación de Jesús puesto que es un modo de expresar ideas complicadas y que se puedan entender en diferentes contextos y niveles, vamos, que cualquiera o casi, puede comprender a que se está refiriendo Jesús; otra cosa muy diferente es que lo acepte o contemple la realidad del mismo modo. De fondo (primera lectura) tenemos el sobreentendido que significa usar “el mundo de las cosas que crecen”,  la metáfora a cargo del mundo del campo para comprender mejor las realidades que no son solo materiales: el Señor planta, replanta, cuida, poda y se ocupa de los seres vivos que, al crecer y vivir, sin que, aparentemente se vea cómo, ilustra la dinámica de los acontecimientos espirituales.

De siempre se ha visto la fuerza oculta de Dios interviniendo en los procesos naturales, especialmente en los que implican vida y desarrollo. Jesús habla de la realidad nueva del Reino de Dios que se introduce y desarrolla en la historia a partir de su presencia, sus gestos, sus palabras y opciones. Se trata de una intervención divina que no es directa ni visible, no se puede rastrear a través de la “causalidad”, como hace la ciencia o la reflexión inductiva. Las parábolas casi se convierten en analogías que hablan del verdadero poder de Dios, que interactúa con la misma vida, haciendo crecer y cambiar desde dentro. Para ello es imprescindible creer, que es ver más allá de las apariencias hacia el corazón de la realidad, para percibir esta auténtica fuerza de Dios. Porque Jesús no está hablando de un proceso natural, de algo que la realidad produzca gracias a sus propios procesos, sino de una intervención destinada a reconstruir, reconstituir, reiniciar el modo humano de vivir juntos. Esa realidad que crece sin ser vista pero “inexorablemente” es humana pero tiene un corazón divino que la mueve y motiva. Esta acción divina no se puede desplegar a la vista, por los cauces normales, pero está ahí, en fondo más verdadero de lo que creemos y vivimos. Las parábolas o analogías no hablan solo del modo de trabajar la gracia, la presencia divina en Jesús, sino también en su meta, en su objetivo: lo que se construye es un reino, el reino, esto es un espacio original y nuevo donde todos y cada uno tenemos un lugar y también unas relaciones sanas y benéficas que nos hacen madurar y alcanzar también nuestra verdadera meta.

» Primera Lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 17, 22-24

Así dice el Señor Dios:
– «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré.
De sus ramas más altas arrancaré una tierna
y la plantaré en la cima de un monte elevado;
la plantaré en la montaña más alta de Israel,
para que eche brotes y dé fruto
y se haga un cedro noble.
Anidarán en él aves de toda pluma,
anidarán al abrigo de sus ramas.
Y todos los árboles silvestres sabrán
que yo soy el Señor,
que humilla los árboles altos
y ensalza los árboles humildes,
que seca los árboles lozanos
y hace florecer los árboles secos.
Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.»

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6-10

Hermanos:
Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe.
Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor.
Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle.
Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos he­cho mientras teníamos este cuerpo.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
– «El reino de Dios se parece a un hombre que echa si­miente en la tierra.
Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla ger­mina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produ­ciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
Dijo también:
– «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábo­las, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

LECTURAS DEL DOMINGO