Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Tomad, esto es mi cuerpo"
04-06-2021
"Tomad, esto es mi cuerpo"

Celebramos y revivimos hoy –y cada domingo, y hasta cada día si queremos– cómo realmente se mantiene a nuestro lado la presencia de Dios en Jesucristo. En el final de la Pascua y el domingo anterior rememoramos la autodonación de Dios en Cristo y gracias a Cristo, en el Espíritu Santo que nos hace entrar, efectivamente, en la vida trinitaria para que podamos llegar a la plenitud prometida, como hijos de Dios y hermanos unos de otros. Es la realidad de la Alianza (primera lectura) renovada para siempre gracias a la sangre entregada de la vida del Hijo de Dios y también Hijo del hombre: Jesucristo. Vivimos, como creyentes, una auténtica comunión con el Dios de Jesucristo que fue instaurada por su nacimiento, vida, entrega, muerte y resurrección. En el centro de este proceso está lo que revivimos hoy y en cada Eucaristía, el significado profundo de la historia de Jesús y de nuestra historia de la iglesia: la entrega, el “sacrificio” de Cristo, necesario e imprescindible no sé si para pagar una deuda a Dios pero seguro que para reparar la situación que había sobre la tierra, para salvar al hombre agobiado por el pecado, por la incapacidad de relación completa con Dios y con los demás (una relación sin desconfianza ni temor ni finitud), para transformar el mal en bien, la muerte en vida.

Por eso este es el corazón y centro de los Sacramentos, por esto lo celebramos cada domingo, sin falta, o muchas más veces si queremos: nos volvemos a sentar a esta misma mesa de la nueva Alianza, de la Pascua de Jesús, este hecho único e irrepetible, por tanto, pero que se viene repitiendo y reviviendo, por la gracia del Espíritu y la voluntad de Dios para recrear, reproducir, extender, perfeccionar cada vez más la redención obrada por Cristo. Y así cada vez que escuchamos, contemplamos, oramos, hacemos nuestras del modo que sea las palabras de Cristo y, efectivamente, recogemos la invitación que hay en cada celebración de comer este pan hecho cuerpo de Cristo por la Palabra y el Espíritu. De este modo sencillo y real, como con todos los Sacramentos pero en modo más accesible, “ordinarios” reafirmamos nuestra pertenencia al pueblo de la Pascua, al grupo de los creyentes en Jesús. Este es el alimento que nos hace falta para mantener y hacer crecer la fe y la comunión viva con Dios y con los demás. Gracias a Jesús hemos sido hechos hijos del Padre y hermanos y en la Eucaristía, y es aquí donde actualizamos y renovamos este ser nuestro que nos ha sido dado y que precisa rehacerse, revivirse, caminar hacia su plenitud porque la fe la vivimos en la historia y en cada una de nuestras vidas y esta cambia, cada día, cada hora. La vida da muchas vueltas y no siempre podemos decir que progresamos o avanzamos pero siempre podemos estar seguros de dónde y con quién está nuestro centro.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una:
– «Haremos todo lo que dice el Señor.»
Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se le­vantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos Jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrifi­cio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en va­sijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió:
– «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedecere­mos.»
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo:
–«Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 9, 11-15

Hermanos:
Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes defi­nitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.
No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siem­pre, consiguiendo la liberación eterna.
Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la san­gre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.
Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos  14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cor­dero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
– «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
– «Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde esta la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos7'
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encon­traron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendi­ción9 lo partió y se lo dio, diciendo:
– «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la
dio, y todos bebieron.
Y les dijo:
– «Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

LECTURAS DEL DOMINGO

"Testigo de la luz"
11-12-2020
"Testigo de la luz"