Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"
28-05-2021
"Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"

Esta Fiesta dominical de la Santísima Trinidad nos recuerda y de algún modo nos resume cómo Jesús nos transmitió y nos hace conscientes de la verdad sobre Dios. En nuestros tiempos donde ya solo mencionar la expresión “verdad” es problemático, si añadimos “verdad de Dios”, se trata de toda una tarea. Pero esta es la sustancia y la esencia de nuestra fe y vivencia cristiana: la extrema cercanía del Dios vivo y verdadero, que no solo nos ha hablado y enviado signos y prodigios (primera lectura) sino que ha venido en persona para unirse a nuestra naturaleza de hombres y a nuestra vida de personas para llevar a plenitud su voluntad creadora  y salvífica original. Con todo el orgullo que da la verdadera humildad, y frente a todos los relativismos, malinterpretaciones y desviaciones interesadas, los cristianos podemos afirmar en voz bien alta que conocemos al verdadero Dios, al único Dios, que Él  ha revelado qué hacemos aquí y cuál es el sustento de nuestro ser.

Ciertamente, somos creaturas, y esto hay que gritarlo a pleno pulmón en estos tiempos: somos dependientes, tenemos un ser que no es independiente y autosuficiente, que se radica en Dios, el creador, y que, por si fuera poco, necesita la comunión y la compañía de los demás, del mismo Dios y de los otros hombres. Y también hay que gritar que esta “dependencia” no es algo negativo, que lo verdaderamente negativo, por falsos, son nuestros lamentables intentos de autodeterminarnos personalmente de Dios y de los demás, lo que nos lleva al peor de los castigos, la soledad y el desamor, el desperdiciar la vida, lo que las Escrituras suelen unir a lo que se llama “condenación”, otro tema del que habría que hablar más a menudo. Y no en el sentido de “castigo” sino en el de terrible posibilidad: si no hacemos las cosas bien pues saldrán muy pero que muy mal. Además, esta sustancia que somos no es algo frío e indeterminado sino una familia. Dios es familia, comunidad, casa, vida. Cristo lo ha dicho y nos ha hecho, efectivamente, partícipes de su misma familia y divinidad. Nuestro ser más profundo es el sentido de la vida, el camino por el que podemos y tenemos que dirigir nuestros pasos para llegar a la plenitud, el bien supremo, la vida eterna. El Evangelio nos recordaba así este fundamento (que hemos sido incorporados a la vida trinitaria de Dios en el bautismo) y nuestra misión: comunicarlo, extenderlo, incluir en esta familia divina y humana a todas las personas, hijos de Dios, hermanos y hermanas unos de otros.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo:
– «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios in­tentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por me­dio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Se­ñor, vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?
Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te para siempre.»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
– «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y ense­ñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

LECTURAS DEL DOMINGO