Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Se llenaron de alegría al ver al Señor"
21-05-2021
"Se llenaron de alegría al ver al Señor"

En la gran fiesta de Pentecostés celebramos y contemplamos la "otra cara" de la vivencia de la fe a la que vivimos y celebramos en la Ascensión. Hace una semana vimos a Jesús volver al Padre, subir al cielo y a sus discípulos quedarse “solos” en su humanidad compartida aunque conscientes de todo lo vivido y de que el Maestro estaría siempre con ellos, aunque no se pudieran imaginar exactamente cómo podría ser esto. Hoy se desvela este misterio: el cristianismo es como su Señor, “divino y humano junto”, la presencia viva de Dios es cierta, segura y permanente gracias al Espíritu Santo, el regalo del Padre hecho posible por la entrega y la consagración hasta el final del Hijo. Desde aquel día (primera lectura) el Espíritu bajó y permanece entre los discípulos de Jesús; sin duda, sopla donde quiere y uno de los lugares que prefiere y donde, evidentemente, se quiere mover y habitar es la iglesia, la comunidad de los creyentes, y el corazón de cada uno de ellos, siempre que se mantengan en comunión los unos con los otros. Porque el Espíritu, aunque es don personal, solo se puede “disfrutar” en la experiencia comunitaria (en Hechos, las llamas de fuego descienden sobre cada uno de los presentes pero porque están juntos, y en oración). El Espíritu es quien facilita a los discípulos “hablar lenguas nuevas, expulsar demonios, imponer las manos a los enfermos” para que sanen. Esto significa el vínculo y la comunión con el Señor que se sienta a la derecha de Dios y que permite a los creyentes continuar la misión de Jesús pero con la certeza de estar unidos y uniéndose cada vez más progresivamente a Él. El Evangelio nos recordaba que este Espíritu es ahora el soporte histórico y vivencial de la presencia de Jesús: es la paz, es el perdón de los pecados, la capacidad de transmitir la fuerza de Dios que transforma el mal en bien y desvela la mentira y la falsedad de todo lo que no sirve ni servirá. Gracias al Espíritu que se nos ha comunicado en el bautismo y la confirmación, en los sacramentos (segunda lectura) estamos ciertos de ser el cuerpo, la presencia histórica de Cristo en este tiempo y este mundo pero nuestra acción y nuestra esperanza no se basa solo en nuestra comunión y esfuerzo humano sino, sobre todo, en que somos respaldados por todo este poder de Dios, que es Padre que nos protege y cuida, Hijo que nos a acompaña y guía en amistad y Espíritu que nos bendice y fortalece.

 

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas len­guas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.
Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.
Enormemente sorprendidos, preguntaban:
–«¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿có­mo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?
Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Me­sopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se mani­fiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bau­tizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

» Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípu­los se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
–«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. »
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
–«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. »

LECTURAS DEL DOMINGO