Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Yo soy el buen Pastor"
23-04-2021
"Yo soy el buen Pastor"

Celebramos hoy que Jesús Resucitado es el Señor y Pastor de la Iglesia, esto es, que, como ya se vislumbraba en los encuentros entre Él y la comunidad, su presencia no se va a limitar a ser testimonial o un recuerdo o un Dios invisible e inescrutable como lo era, en buena medida, el de Israel. Por decirlo que lo entendamos: Jesús no se queda en el Santísimo, en el sagrario, en el silencio y paz de las iglesias, sino que realmente protege y guía a los suyos como hace un verdadero líder, yendo por delante, en medio, por detrás. Jesús prefiere el nombre y la realidad de Pastor más que la dirigente, líder, rey, gobernante o capitán (sin rebajar para nada a su “iglesia militante”). Según el evangelio de san Juan, que ha ido revisando y rechazando otros modelos –especialmente el de rey en su diálogo con el pueblo y con Pilato– Jesús se identificó directamente como el Pastor, usando una imagen bíblica pero que, como las demás, supera y lleva a plenitud. Jesús es el rey pastor, el pastor bueno porque no se aprovecha de nadie sino todo lo contrario: ha dado la vida por los suyos e incluso por todos. En realidad, como sucede en los evangelios y muy especialmente en el de san Juan, es Jesús Resucitado quien se expresa así para resumir tanto lo que ha sucedido como sus consecuencias. Y también para afirmar que esto no es el final de su historia sino el comienzo de la historia del nuevo pueblo de Dios, pastoreado –dirigido y cuidado– por Él, y destinado a acoger a toda la humanidad. Él sigue actuando en medio de los suyos y hacia los demás (primera lectura) en la misma línea de su misión terrena, curando y dando esperanza y asumiendo las consecuencias esta vez con su comunidad (desconfianza, desprecio y persecución) y sigue siendo accesible a todos a quienes la iglesia va encontrando e incorporando a su cuerpo porque es la realidad viva y actuante que mueve todo este proceso, todavía no terminado.

Para llevar adelante esa tarea es precisa una organización que sostenga los medios necesarios para llegar a los fines, el Fin de la plena comunión en este caso. Jesús es la garantía de la unidad pero también de que cada subunidad, cada comunidad eclesial, sea una verdadera realización de la salvación cristiana que acoja a todos garantizando que no hay engaño ni coacción ni que nadie se convierte –en la línea de los modernos estados– en un mero sistema de extracción de rentas y distribución, a cambio, de quimeras. Lo esencial del Pastor es cuidar, proteger, ofrecer garantía, seguridad y refugio y dirigir hacia los pastos más convenientes sabiendo cuidar de cada uno según lo necesitamos. Y sin necesidad de encuestas, propaganda, medios de comunicación y una educación ideologizada. Gracias a Dios, Jesús sigue estando con nosotros como Amigo y Salvador pero también como el Pastor de nuestras vidas.

» Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 8-12

En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo:
–«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué po­der ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vo­sotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Na­zareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-2

Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hi­jos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha mani­festado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, se­remos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 11–18

En aquel tiempo, dijo Jesús:
– «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida. Por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ove­jas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen1 igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; tam­bién a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego li­bremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para re­cuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

LECTURAS DEL DOMINGO