Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"...Para que conste, ve a presentarte al sacerdote"
12-02-2021
"...Para que conste, ve a presentarte al sacerdote"

En cada uno de los encuentros de Jesús con los necesitados de su ayuda, se muestra en detalle esa compasión inmensa que es también parte de su "autoridad" y constitutiva de la Buena Noticia, que podemos comprender buenamente en el sentido de que Jesús habla y enseña cómo le parece, como le sale de dentro, dicho sea con más precisión. El relato que hemos escuchado se enmarca en la vivencia que tenía el pueblo de Israel (y la mayoría de los pueblos antiguos) de la enfermedad terrible que era y sigue siendo la lepra (primera lectura), pues, sin causa aparente (esta se ignoraba) incapacitaba y deformaba terriblemente a quienes la sufrían. Había que mantenerse lejos de los afectados y mantenerlos lejos de nosotros. A la prudencia humana se suma la prudencia religiosa para fundamentar y ejecutar este apartamiento. Lo dicho sirve para comprender un poco mejor el gesto de Jesús.

En primer lugar, el leproso se le acerca y Jesús lo permite (es el primer "milagro", en el sentido de ruptura si no con las "leyes naturales" o lo que se conoce de ellas, sí con las normas sociales y religiosas). Le deja hablar y expresar lo que quiere y necesita y entonces hace el segundo "milagro" que es tocarlo, un gesto inaudito que muestra gráficamente la libertad e independencia de este hombre, Jesús, quien solo ve ante sí a otro hombre, enfermo, a quien tiene que acoger y ayudar. Porque este signo, milagro, como lo queramos llamar va de esto: devolver al leproso a la comunidad de los hombres, liberándolo a él de su enfermedad y maldición y a los demás de los prejuicios y miedos que nos impiden, muchas veces con la ayuda del pecado, vernos como somos. Así nos vemos como leprosos o apestados, como amenazas. Jesús muestra claramente su voluntad: quiere y, por tanto, puede curarlo y lo hace. La lepra desaparece, al menos a la vista de los que contemplan la escena, pero esto no basta. Por eso, aunque Jesús no es partidario de la “publicidad”, de que corra la voz (este es otro enigma evangélico), quizá porque prefiere el encuentro personal con él, pero en este caso es preciso que se sepa, que el ya exleproso acuda a las autoridades sacerdotales competentes para que atestigüe la vuelta de este hombre a la comunidad humana y religiosa. La curación en este caso significa que el leproso vuelva a ser considerado plenamente hombre y vivir en la familia de los hombres. Por eso la divulgación del hecho no es capaz de mostrar lo que han visto quienes lo han contemplado y experimentado: cómo Jesús libera de enfermedades, miedos y prejuicios, nos hace vernos otra vez como quienes somos, personas necesitadas e interrelacionadas para el bien.

» Primera Lectura

Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
– «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo de­clarará impuro de lepra en la cabeza.
El que haya sido declarado enfermo de lepra andará hara­piento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

» Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 31-11, 1

Hermanos:
Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, ha­cedlo todo para gloria de Dios.
No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos,
ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro conten­tar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven.
Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
– «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
– «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
– «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con gran­des ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampa­do; y aun así acudían a él de todas partes.

LECTURAS DEL DOMINGO