Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"El Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios"
18-12-2020
"El Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios"

Conforme avanzaba el Adviento y llega a plenitud en estos días, hemos ido pasando de la visión inicial destinada a revivir que nuestra fe se asienta en la esperanza de que Jesús vendrá al final de todas las cosas para instaurar definitivamente su reino y para toda la eternidad, hasta concentrarse en los acontecimientos históricos de su primera venida. Y tras recordar la figura y mensaje del precursor, Juan el Bautista, y su importancia para nuestra propia acogida del Salvador, del Mesías, hoy la Palabra nos presenta a la Virgen María, “causa” directa de que este Mesías ha venido, sorpresivamente, en nuestra carne para asumirnos tal y como somos, transformarnos y sostenernos hasta el ese momento de la culminación, cuando Cristo lo pueda ser todo para todos. Esto es, que lo definitivo y escatológico que será verdad al final de los tiempos (y, al menos parcialmente, al final del tiempo de cada uno) lleva ya dos mil años hecho y haciéndose carne e historia. El otro día leí en un “twit” algo así como que lo mejor de la iglesia católica no es su esfuerzo por estar siempre a la última moda y de adaptarse a cada novedad de los tiempos, aunque tenga que hacerlo para sobrevivir y seguir dando a entender su vida y mensaje, sino su vivir y hacer presente  “lo viejo y permanente”, la pervivencia y actualidad de su anuncio y sus ritos que lo celebran y lo permiten vivir (esto ya no lo decía el “twit”).

En el mismo centro de esta permanencia vital está la persona y el gesto, válido para todos los siglos, de la Virgen María. Ella es la verdadera casa y dinastía de David (primera lectura), la que Dios le prometió que haría siempre presente lo más valioso de su vida: la fe y la confianza en Dios. Esta es la realidad del corazón que mantiene viva la presencia de Jesús, siempre abierta y necesitada de nuestra acogida. El Evangelio nos narra el mayor y, en realidad, el único necesario de todos los milagros: la increíble propuesta de Dios a esta mujer y su aún más increíble respuesta, su querer y saber ponerse por completo en las manos de un Dios a quien no conocía –gracias a Él– en teoría (entonces le habría parecido imposible la propuesta) sino en la práctica, en la oración y en la vida. Contemplando hoy y agradeciendo este gesto único, viejo y permanente de esta mujer que, al mismo tiempo, acoge y niega una tradición (dice sí al Dios de la alianza y no al pecado que descubre la alianza), ojalá seamos capaces de asumirlo también cada uno con esperanza, confianza, alegría y entrega plenas, justo como nos ha enseñado este adviento y, sobre todo ello, esta mujer increíble.

» Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán:
– «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.»
Natán respondió al rey:
– «Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»
Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
– «Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella?
Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel.
Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido, y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."»

» Segunda Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16, 25-27

Hermanos:
Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo procla­mo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio manteni­do en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
– «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
– «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel­
– «¿Cómo será eso pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
– «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó:
– «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

LECTURAS DEL DOMINGO

"Testigo de la luz"
11-12-2020
"Testigo de la luz"