Evangelio dominical

EVANGELIO DOMINICAL

"Preparad el camino del Señor"
04-12-2020
"Preparad el camino del Señor"

Si en el primer domingo de este adviento se nos recordaba que tenemos que vivir la fe y la vida misma en perspectiva, desde un pasado que motiva a seguir y mejorar y un futuro que atrae como fin y como meta realizable y posible siempre, en este segundo domingo se nos habla del momento histórico único, definitivo en que todo lo cristiano comenzó. Porque aunque con el corazón puesto en el pasado y la mirada en el futuro, el ser cristiano se vive día a día, hora a hora, acogiendo la gracia de Cristo y poniéndola realmente en práctica en nuestra vida. Así, la Palabra nos situaba en paralelo dos acontecimientos históricos con la máxima relevancia en la historia de la salvación: la predicación del profeta conocido como “segundo Isaías” (primera lectura) y la de Juan el Bautista. Ambas anuncian un hecho histórico deseado, esperado y que fundó de modo especial la fe del pueblo de los creyentes. Isaías profetizó el segundo éxodo, el regreso del destierro de Babilona (auténtico crisol de la antigua alianza) y Juan el Bautista anuncia la llegada inminente de Aquél que ha de hacer realidad, por fin, todas las promesas de la Alianza. De cara a este suceso único, irrepetible, Juan propone dos respuestas muy concretas: la “conversión” y confesión de los propios pecados y un bautismo “de agua” que él mismo administra como encuentro histórico concreto que certifique el cambio de vida que es la conversión. Juan se presenta a sí mismo con las palabras del segundo Isaías: “preparad un camino al Señor en medio del desierto” para que el pueblo pueda volver o para que el Señor mismo pueda llegar en medio de los suyos (una cosa es casi la otra). Juan era, en definitiva, un profeta “y más que profeta”, como lo llamó el mismo Jesús que señaló el comienzo de los nuevos tiempos a los que sus contemporáneos accedieron (incluido el mismo Jesús) a través de este bautismo “de agua” que es capaz de anunciar  también él otra realidad, el encuentro personal definitivo con Dios o bautismo del espíritu. En un caso y en el otro se trata de la salvación, la redención, la vida para siempre que, paradójicamente, se experimenta y se encuentra (como no puede ser de otro modo) en la historia real y concreta, cada día. Así pues nuestra esperanza y mirada hacia adelante se fundan en la persona y predicación de este hombre, Juan, que supo ver y tuvo el coraje de entregarse a la Palabra de la verdad y de darle soporte con su propia vida. Igual hoy nosotros: acoger esta Palabra es acoger al Mesías, al Esposo que viene personalmente a cada una de nuestras vidas y para darnos la inmensa esperanza de ser su pueblo, su familia, todos juntos.

» Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 40, 1-5. 9-11

«Consolad, consolad a mi pueblo,
–dice vuestro Dios–;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle,
que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados.»
Una voz grita:
«En el desierto preparadle
un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y la verán todos los hombres juntos
–ha hablado la boca del Señor–.»
Súbete a un monte elevado,
heraldo de Sión;
alza fuerte la voz,
heraldo de Jerusalén; álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.»

» Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3, 8-14

Queridos hermanos:
No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.
El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen al­gunos.
Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se convier­tan.
El día del Señor llegará como un ladrón.
Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los ele­mentos se desintegrarán abrasados, y la tierra con todas sus obras se consumirá.
Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida!
Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desapare­cerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos.
Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, espera­mos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia.
Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acon­tecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, in­maculados e irreprochables.

» Evangelio

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 1-8
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías:
«Yo envío mi mensajero delante de ti
para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto:
"Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos."»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
–«Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»

LECTURAS DEL DOMINGO

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