Evangeli dominical

EVANGELI DOMINICAL

«¿Quién me ha tocado el manto?»
25-06-2021
«¿Quién me ha tocado el manto?»

Como hemos dicho varias veces y cualquiera puede ver, Jesús, según el evangelio de Marcos, actúa más que habla. Y siempre que lo hace es para proteger la vida o aumentarla, si esto es posible. Es lo mismo que la primera lectura afirma acerca de Dios, que “todo lo ha creado para que subsistiera” y que, incluso, “creó al hombre para la inmortalidad como imagen de su propio ser”. Jesús acude enseguida para curar y reparar esta naturaleza humana “dañada por la envidia del diablo” que ha introducido la muerte y el mal en el mundo. Esta vez se trata de una niña en pleno crecimiento, y que está ya gravemente amenazada por la muerte. En el camino para curarla, se encuentra con la hemorroísa. Se trata de otra mujer también marcada por la muerte, aunque no tuviera una enfermedad mortal, seguramente su mal la hacía “impura” e incapaz de dar vida; además, la “medicina” del tiempo no podía ayudarle.

En este encuentro, nadie advierte a Jesús sino que es la propia mujer la que se “lanza” a tocarle aunque Jesús se da cuenta de que ha recibido un “toque” de otra naturaleza, más allá de los empujones o apreturas que está sufriendo de la multitud. Ha sido un toque o encuentro de fe, esta mujer ha sabido buscar en él la vida y la curación que necesita y las ha encontrado, aunque la verdadera curación no viene de este roce sino del diálogo con el mismo Jesús y que él mismo percibió como distinto, como buscando la fuerza de vida que sale de él. De igual modo, cuando llega, por fin, a la casa de la niña, en un segundo encuentro en el que es él quien toma la iniciativa, hace que la enferma, dada ya por muerta, vuelva a la vida. En este relato se lleva a un cierto extremo lo que también se aprecia en los restantes signos y curaciones. Si en todos ellos se muestra cómo la presencia de Jesús cambia la desesperanza de la deprimente realidad humana de su época en la esperanza que da la presencia divina. En Jesús, Dios realmente se hace presente volviendo por los suyos, librándoles de la desesperación de no poder encontrar ayuda ni en la ciencia ni en la religión. Si pedírselo, Dios les ofrece en Cristo la ayuda y la vida que nunca hubieron soñado poder alcanzar. Jesús no distingue entre pobres y ricos, acude a quien le necesita y a quien le pide. Todos estamos necesitados y marcados decisivamente por la muerte pero Jesús nos ofrece la única vía para escapar y volver al proyecto originario de Dios, que es que vivamos y para siempre porque somos sus hijos, porque para eso nos ha creado y nos sostiene.

» Primera Lectura

Lectura del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24

Dios no hizo la muerte
ni goza destruyendo a los vivientes.
Todo lo creó para que subsistiera;
las criaturas del mundo son saludables:
no hay en ellas veneno de muerte,
ni el abismo impera en la tierra.
Porque la justicia es inmortal.
Dios creó al hombre para la inmortalidad
y lo hizo a imagen de su propio ser;
pero la muerte entró en el mundo
por la envidia del diablo,
y los de su partido pasarán por ella.

» Segona Lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15

Hermanos:
Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el co­nocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distin­guíos también ahora por vuestra generosidad.
Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriquece­ros con su pobreza.
Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estre­checes; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abun­dancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad.
Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

» Evangeli

+Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia:
– «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero
en vez e mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pen­sando que con sólo tocarle el vestido curaría.
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había sa­lido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando:
– «¿Quién me ha tocado el manto?»
Los discípulos le contestaron:
– «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo:
–«Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:
se a muerto. para que molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:
– «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo:
– «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el pa­dre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde es­taba la niña, la cogió de la mano y le dijo:
– «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, le­vántate»).
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; te­nía doce años. Y se quedaron viendo visiones.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

LECTURES DEL DIUMENGE